Esta pequeña obra representa un caso singular dentro todo lo que aquí mostramos, pues se trata de un objeto físico y analógico, en cuya generación no ha intervenido ningún dispositivo electrónico y digital. El caracter manual y artesanal de la pieza excluye las ideas de copia o edición e implica que, como excepción buscada, nos situemos en el ámbito de la obra única.

Esta diferencia casi ontológica conviene para la reflexión «de fondo» que trato de suscitar aquí. Se trata de un ensamblaje de objetos corrientes (caja prefabricada y modificada de madera, cable, grapas para este, casquillo, bombilla...) que se completan con un papel cuadriculado en el que se han escrito unas líneas con una máquina de escribir bastante anticuada. Visto de lejos, este último elemento podría confundirse con los versos de un poema. En realidad, se trata del listado de los componentes de la pieza.

El texto provoca un efecto «extrañador», connatural a la literatura y que tiene mucho que ver con la cita de Cage (No tengo nada que decir / y lo estoy diciendo / y esto es / poesía / como la necesito). Pero también nos recuerda la distancia insuperable entre información y realidad. Porque cualquier objeto excede a su propio inventario (aunque también lo contiene sin necesidad de explicitarlo). Recalcar esta brecha entre lo real y su descripción es ya un recurso clásico desde los orígenes del arte conceptual. Pero nunca está de más reconocer en lo corriente lo inefable, pues es tarea de poetas merodear con asombro por los límites de lo indescriptible.

Luz para un poeta