Podría considerarse esta pieza como una continuación de las investigaciones sobre la imagen digital, el movimiento y el paso del tiempo a las que me referido en propuestas anteriores. En este caso he tomado una fotografía al mes, durante todo el año, en el mismo lugar y con el mismo encuadre. Procuré hacerlo el día 15 y siempre al mediodía, aunque no era la precisión lo que más anhelaba. También provoqué un pixelado drástico en las imágenes, reducidas ahora a solo 30 píxeles (5 x 6).

Supongo que el resultado es un conjunto de láminas que puede denominarse, en el sentido más estricto, como «calendario». Porque su finalidad no es otra que representar gráficamente el paso del tiempo, si bien con una orientación más contemplativa que pragmática. De hecho, estas láminas fueron objeto de una pequeña edición limitada y numerada en el formato más tradicional de calendario, encuadernado con alambre para colgar. Retomar este tipo de objetos estandarizados y que consideramos trillados, para dotarlos de alguna intención artística, me resulta siempre un objetivo cuanto menos refrescante.

Hacer calendarios