Estas fotografías se detienen en la maraña, tantas veces laberíntica, del cableado en las fachadas de los edificios de nuestras ciudades. La proliferación de las conexiones de fibra óptica e Internet parece imparable y se diría descontrolada. Se suman, además, otras instalaciones eléctricas o de gas, lo que complica un panorama con implicaciones sociales y urbanísticas notables. Las imágenes se han tomado en diversos barrios de Valladolid (Plaza de Toros, Batallas, Vadillos, Circular, Pajarillos...), pero la escena se repite por todo el territorio.

La promesa de una conectividad eficiente y universal suele ocultar el reverso del tapiz que aquí exponemos. Parece que la quimera de un paraíso digital descansa en la invasión del espacio público cercano. El mundo físico, que antes era el escenario privilegiado de nuestras relaciones, se torna ahora víctima propiciatoria, presa de abandono, descuido y deterioro.

Tendremos que valorar hasta qué punto esa «tierra prometida» de naturaleza digital, tantas veces inconsistente o etérea, compensa la pérdida del hábitat que hasta ahora sostuvo nuestras relaciones sociales más sólidas y humanas. Podría darse la paradoja de un mundo de seres hiperconectados pero aislados por completo y carentes de una comunicación significativa: el sacrificio de toda una comunidad en aras de una red vacía.

Conexiones